Awad / Rachmaninov / Tchaikovsky 20/10/23

Diana Castro | Tlaqná
Zazil / Concierto para piano No.1 / Sinfonía No.5 /
Emil Awad: Zazil Emil Awad nació en Ciudad de México en 1963. Es compositor y director, graduado con honores de las escuelas de música de Julliard y Manhattan. Obtuvo su doctorado en la Universidad de Harvard. Fue director titular de la Orquesta Sinfónica del Centro de Posgrado en Harvard (1989-93) y director huésped de orquestas destacadas en México, Estados Unidos y Europa. Es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte (reconocido recientemente como creador artístico en composición de música contemporánea de concierto, 2023), director del Festival Internacional Camerata 21, investigador del Centro de Estudios, Creación y Documentación de las Artes y profesor de Composición y Teoría de la Universidad Veracruzana. Zazil es una pieza dodecafónica cuyo lenguaje compositivo se puede considerar una ramificación del serialismo de Arnold Schönberg y, más adelante, del postserialismo marcado por la contribución de Milton Babbitt. En el desarrollo del serialismo dodecafónico, Emil Awad destaca un importante distanciamiento conceptual entre serie y set dodecafónico, ya que al segundo no se le considera un ordenamiento simple, sino una estructura con propiedades específicas que constituyen no solo la estructura que determina el orden, sino el destino de una composición. Dentro de este contexto, Awad desarrolla un sistema combinatorio de octacordes y conceptualiza un sistema superior al que denomina octanets –redes de octacordes–, de manera que si bien su lenguaje compositivo tiene una base teórica fundamentada en el serialismo, las combinaciones generadas y el engranaje de los sistemas se rigen por una visión propia del compositor en la que la tridimensionalidad de planos sonoros juega un rol medular. En su visión compositiva, Awad reconoce paralelismos con la manera en que interactúan las estructuras en un sistema tonal; de ahí que cuente entre sus influencias a Johann Sebastian Bach, Ludwig van Beethoven, Johannes Brahms y Milton Babbitt. Zazil fue compuesta en 1994 y la versión que hoy se estrena en Xalapa incluye pequeñas ediciones realizadas en el 2022. Es una obra demandante en su interpretación ya que, a pesar de no emplear una dotación orquestal amplia, sí recurre a una especial atención hacia sus timbres, cambios de tempo y, sobre todo, al cuidadoso diálogo entre los instrumentos; por ejemplo, la primera interacción entre el corno y el fagot. Para su comprensión auditiva, el compositor comparte que para él la música es transformacional; es decir, que no solo existe en el tiempo, sino que además el oyente puede reconocer elementos específicos (que podrían entenderse como motivos), que le permiten sentir que ya no se encuentra en el mismo lugar, sino que se han transformado: aluden a un recuerdo de un entendimiento previo o una concepción propia anterior y nos hace reconocernos en un momento presente con una emoción transformada, de manera que al escuchar música con motivos de intención transformacional el oyente vincula el momento presente con elementos que prevalecen en su memoria: “es superfácil de escuchar… en todos los lugares hay referencias a un motivo que hacen sentir que ya se había escuchado antes, pero que ya no es el mismo.” El valor inherente a la obra, explica Awad, es la existencia de aquella justicia implacable que le permite al humano, ante la adversidad e incluso la brutalidad, recuperar la fuerza de vida. De ahí que el epígrafe al principio de la obra “How can I gather my strength if I left it on top of a Mountain?” y el título, Zazil (palabra de origen maya que significa luz, trasparencia de espíritu, claridad), resuman el sentimiento que evoca: ¿cómo puedo recuperar mi fuerza si la dejé en la cima de la montaña?, y, por otro lado, la luz como guía para llegar a aquel punto al que todo ser humano necesita llegar cuando pierde la razón para seguir adelante. • Pyotr Il’yich Tchaikovsky: Sinfonía n.° 5 Tchaikovsky (1840-1893) es el compositor ruso más prominente de finales del siglo XIX. Su estilo de composición, además de enaltecer el legado de la música rusa, muestra influencia de la ópera italiana y el ballet francés, así como la sinfonía y la canción alemana. Así, su obra musical, aunque incorpora características distintivas de su país, se coloca aparte de la producción nacionalista representada por el grupo Mogúchaya kuchka, traducido como el grupo de Los Cinco: Mili Balákirev, Modest Musórgski, Aleksandr Borodín, Cesar Cui y Nikolái Rimsky-Kórsakov. A diferencia de otros compositores, Tchaikovsky fue afortunado de contar con el apoyo y mecenazgo de la aristócrata Madame Nadezhda von Meck, lo que le permitió dedicarse a su carrera y establecer su reputación como compositor. En su amplia producción se incluyen ocho óperas, tres ballets, dos conciertos para piano (y un tercero inconcluso), uno para violín, poemas sinfónicos y oberturas, entre otras composiciones. Su Sinfonía n.º 5 en mi menor, op. 64 fue escrita en 1888 y estrenada con la Filarmónica de San Petersburgo bajo su propia batuta, pues en años previos ya había destacado como director orquestal. Esta obra se posiciona entre las más importantes del compositor junto con las Sinfonías n.º 4 en fa menor, op. 36 (1877) y n.º 6 en si menor, op. 74, Pathetique (1893). Distintivo en su estilo de composición es el empleo del material melódico como unidades independientes (idea lírica), a través de lo cual no solo logra resaltar en su discurso musical la elocuencia temática sino también la intensidad emocional (repetición, extensión y manera secuencial de emplear sus melodías en correspondencia con el uso de los recursos orquestales). • Sergei Vasilyevich Rachmaninov: Concierto para piano n.° 1 Rachmaninov (1873-1943) fue pianista, compositor y director de orquesta, considerado una de las figuras más influyentes en el desarrollo del concertismo del siglo XX. Su estilo de composición se posiciona en la etapa de transición entre el Romanticismo y las nuevas tendencias del siglo XX, colocándolo como uno de los últimos posrománticos rusos. Sin embargo, a pesar de los elementos progresivos que implementó en su lenguaje musical, se mantuvo dentro de los límites de la tonalidad y los elementos innovadores que utilizó no fueron comparables con el nivel de experimentación de los modernistas Arnold Schönberg (Austria, 1874-1951) o Igor Stravinsky (Rusia, 1882-1971). De ahí surge, dentro del contexto de la transición del Romanticismo al Modernismo, la tendencia a clasificar la producción de Rachmaninov como conservadora. De hecho, la distinción de conservador se debe entender también dada la división que existió entre los representantes de la escuela de Moscú y la de San Petersburgo: la primera, encabezada por Antón Rubinstein y Tchaikovsky (legado al que se suma Rachmaninov); la segunda, liderada por los seguidores de Rimsky-Korsákov, mismos que, considerándose progresistas, desacreditaban a los compositores como Tchaikovsky por valorar los aportes de la tradición de composición europea (en particular, la austro-germana). Sus cuatro obras de gran escala para piano y orquesta, escritas entre 1891 y 1934, se consideran representantes de su legado musical; en ellas se aprecia su establecimiento como compositor y virtuoso del piano. Rachmaninov extendió los límites en todos los aspectos de la composición de conciertos románticos con el amplio uso del cromatismo, la optimización de la textura (textura en planos múltiples), la originalidad del material temático, la implementación de formas alternas de concierto y la “sinfonizacion” del género de concierto. Su Concierto para piano n.º 1 en fa sostenido menor, op. 1 fue compuesto en 1892, aún en su etapa de estudiante. En este periodo sus composiciones muestran una marcada influencia de Tchaikovsky, a quien Rachmaninov admiraba. La versión que hoy se interpretará corresponde a la versión revisada por el compositor en 1917, la cual incluye cambios significativos. En esta revisión, el autor tenía como objetivo, por un lado, conservar la frescura juvenil de la composición original; por otro, perfeccionarlo para posicionarlo a la par de sus Conciertos 2 y 3 (en do menor, op. 18, y en re menor, op. 30, respectivamente), que representan la madurez y complejidad compositiva de Rachmaninov. Cabe mencionar que además de la influencia de Tchaikovsky se puede reconocer en esta obra la de los conciertos para piano de Edvard Grieg y Robert Schumann, en combinación con características propias de Rachmaninov: su composición pianística, el posicionamiento de los elementos melódicos en primer plano, elementos melódicos repetitivos, pasajes en dobles octavas, tipo de transiciones, entre otras. En el primer movimiento se escucha una forma sonata; en el segundo, un tema seguido de dos variaciones, mientras que en el último, una forma ternaria , con coda extendida.